(*) Nacido en Lyon, el 3 de octubre de 1804, de una antigua familia que se distinguió en la magistratura y en el foro; Allan Kardec (Hippolyte Léon Denizard Rivail) no siguió esta carrera. Desde su juventud, se sintió inclinado al estudio de las ciencias y de la filosofía.
Educado en la escuela de Pestalozzi en Yverdon (Suiza) fue uno de los discípulos más eminentes de este célebre profesor, y uno de los celosos propagadores de su sistema de educación, que tan grande influencia ejerció sobre la reforma de los estudios en Alemania y Francia.
Dotado de una notable inteligencia e inclinado a la enseñanza por su carácter y aptitudes especiales, desde la edad de 14 años, enseñaba lo que sabía a todos aquellos de sus condiscípulos que habían adquirido menos que él. En esta escuela fue donde se desenvolvieron las ideas que debían colocarle más tarde en la clase de los hombres del progreso y de los librepensadores.
Nacido en la religión católica, pero educado en un país protestante, los actos de intolerancia que sufrió con este motivo, le hicieron, desde muy temprano, concebir la idea de una reforma religiosa, sobre la cual trabajó en el silencio durante largos años, con el pensamiento de llegar a la unificación de las creencias; pero le faltaba el elemento indispensable a la solución de este gran problema. Mas tarde vino el Espiritismo a proporcionarle y a imprimir una dirección especial a sus trabajos.
SU LABOR INTELECTUAL Y FILANTRÓPICA
Concluidos sus estudios, volvió a Francia. Como conocía a fondo la lengua alemana, traducía para esta nación diferentes obras de educación y de moral, siendo las obras de Fenelon sus predilectas por haberle completamente seducido.
Era miembro de muchas sociedades científicas, entre las que figura en primer lugar la Academia Real de Arras, la cual, en el concurso de 1831, le coronó por una notable memoria sobre esta cuestión: ¿Cuál es el sistema de estudios más en armonía con las necesidades de la época?
Desde 1835 a 1840, fundó en su domicilio, calle de Sévres, cursos gratuitos, en los que enseñaba la química, la física, la anatomía comparada, la astronomía, etc. etc.; empresa digna de elogios, sobre todo en una época en la que un bien reducido número de inteligencias se arriesgaban a entrar en esta senda.
SUS TRABAJOS EDUCATIVOS
Preocupado constantemente en hacer amenos e interesantes los sistemas de educación, inventó en la misma época un ingenioso método para enseñar a contar y un cuadro mnemónico de la historia de Francia, cuyo objeto era que fijasen en la memoria, la fecha de los sucesos notables, y de los grandes descubrimientos que ilustraron cada reino. Entre sus numerosas obras de educación, citaremos las siguientes:
Plan propuesto para el mejoramiento de la instrucción pública, (1828.) Curso práctico y teórico de aritmética, según el método de Pestalozzi, al uso de los profesores y de las madres de familia, (1829.) Gramática francesa clásica, (1831.) Manual de los exámenes para los títulos de capacidad. Soluciones razonadas de las cuestiones y problemas de aritmética y geometría, (1846.) Catecismo gramatical de la lengua francesa, (1848). Programa de los cursos usuales de química, física, astronomía y fisiología que enseñaba en el LICEO POLIMÁTiCO. Dictados normales de los exámenes de la Casa Consistorial y dé la Sorbona, acompañados de Dictados especiales sobre las dificultades ortográficas, (1849), obra muy estimada en la época de su aparición y de la que se imprimieron nuevas ediciones.
Antes que el Espiritismo viniera a popularizar el pseudónimo Allan Kardec, supo ilustrarse por trabajos de una naturaleza bien diferente, teniendo por objeto ilustrar las masas y unirlas más a su familia y a su país.
PRIMERAS OBSERVACIONES
Hacia el año de 1850, época que empezó a tratarse de las manifestaciones de los Espíritus, Allan Kardec se entregó a perseverantes observaciones sobre esos fenómenos concretándose principalmente a deducir de ellos, las consecuencias filosóficas. Desde luego pudo ver el principio de nuevas leyes naturales: las que rigen las relaciones del mundo visible con el invisible, reconociendo en la acción de este último, una de las fuerzas de la naturaleza, cuyo conocimiento debía difundir la luz sobre una multitud de problemas que se creían insolubles, comprendiendo su alcance bajo el punto de vista religioso.
LA CODIFICACIÓN ESPÍRITA Y LA SOCIEDAD PARISIENSE
Sus principales trabajos en esta materia son: El Libro de los Espíritus, para la parte filosófica, cuya primera edición apareció el 18 de abril de 1857. El Libro de los Médiums, para la parte experimental y científica. (Enero de 1861). El Evangelio según el Espiritismo, para la parte moral. (Abril de 1864). El Cielo y el Infierno, o la justicia divina, según el Espiritismo. (Agosto de 1865.) El Génesis, los milagros y las predicciones. (Enero de 1868.) La Revista Espiritista, periódico de estudios psicológicos, colección mensual empezada el 1º de Enero de 1858.
Fundó en París el 1 de Abril de 1858 la primera Sociedad Espiritista constituida regularmente con el nombre de Sociedad Parisiense de estudios espiritistas, cuyo objeto exclusivo era el estudio de todo lo que pudiera contribuir al progreso de la nueva ciencia. Allan Kardec negó justamente haber escrito cosa alguna bajo la influencia de ideas preconcebidas o sistemáticas; hombre de un carácter serio y de gran calma, observaba los hechos, y de sus observaciones deducía las leyes que les rigen. Él fue el primero que dio la teoría y formó de ellas un cuerpo metódico y regular.
Demostrando que los hechos calificados falsamente de sobrenaturales, están sometidos a leyes, los hacía entrar en el orden de los fenómenos de la naturaleza, destruyendo así el último refugio de lo maravilloso y uno de los elementos de la superstición.
LA IMPORTANCIA DEL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Durante los primeros años que empezaron a cuestionarse los fenómenos espiritistas, fueron estas manifestaciones objeto de curiosidad, más que motivo de serias meditaciones. El Libro de los Espíritus hizo mirar la cosa bajo un aspecto totalmente diferente; se abandonaron entonces las mesas giratorias que no habían sido más que un preludio; para formar un cuerpo de doctrina que abrazase todas las cuestiones que interesan a la humanidad.
El verdadero conocimiento del Espiritismo data de la aparición del Libro de los Espíritus, ciencia que hasta entonces no había poseído más que elementos esparcidos sin coordinación y cuyo alcance no había podido ser comprendido de todo el mundo. Desde ese momento fijó la doctrina la atención de los hombres serios, tomando un rápido desenvolvimiento.
Adheriéronse en pocos años a estas ideas personas de todas las clases de la sociedad y de todos los países. Este resultado, sin precedentes, se debió indudablemente a las simpatías que estas ideas encontraron; pero también, en gran parte, a la claridad, que es uno de los caracteres distintivos de los escritos de Allan Kardec.
FALLECIMIENTO DEL CODIFICADOR
Trabajador infatigable, el primero y último siempre en la obra, Allan Kardec sucumbió el 31 de marzo de 1869, en medio de los preparativos de un cambio de local, que se le hizo necesario por la considerable extensión de sus múltiples ocupaciones.
Murió como vivió, trabajando. Sufría desde largos años una enfermedad de corazón que no podía ser combatida sino por el descanso intelectual y cierta actividad material; pero completamente entregado a su trabajo, se negaba a todo lo que podía absorber uno de sus instantes, a costa de sus predilectas ocupaciones. En él, como en todas las almas fuertemente templadas: la espada gastó la vaina.
Su cuerpo se hacía pesado y le negaba sus servicios, pero su espíritu, más vivo, más enérgico, más fecundo, extendía siempre el círculo de su actividad.
En esta lucha desigual, la materia no pudo resistir por más tiempo. Un día fue vencida. El aneurisma se rompió, y Allan Kardec cayó como herido por el rayo. Desaparecía un hombre de la tierra; pero un gran nombre tomaba lugar entre las ilustraciones del siglo XIX, un gran Espíritu iba a templarse nuevamente en el infinito, donde todos los que había consolado e ilustrado, aguardaban con impaciencia su venida.
Partió con aquellos que serán los faros de la nueva generación, para volver luego con ellos a continuar y concluir la obra que dejó entre manos fervientes.
Allan Kardec es inmortal, y su recuerdo, sus trabajos, su espíritu estarán siempre con aquellos que sostendrán firme y muy alta la bandera que supo hacer respetar siempre.
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(*) Biografía extraída del Periódico de Estudios Psicológicos. Número 1. Mayo de 1869. Revista Espírita fundada por José María Fernández Colavida.



