Cristo: Puente Entre Los Dos Mundos

Los primeros cristianos se comunicaban con los Espíritus de los muertos y de ellos recibían enseñanzas.

Ninguna duda es posible sobre ese punto, porque son abundantes los testimonios. Resultan de los mismos textos de los libros canónicos, textos que consiguieran escapar a las vicisitudes de los tiempos y cuya autenticidad es indudable.

[…] La existencia de Cristo había sido una constante comunión con el mundo invisible. El hijo de María era dotado de facultades que le permitían conversar con los Espíritus. Estos, muchas veces, se tornaban visibles a su lado. Sus discípulos le vieron asombrados, conversar un día en el Tabor con Elías y Moisés.

CRISTO Y EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS

[…] Las relaciones de Cristo con el mundo de los Espíritus se afirman por el constante amparo que del Mas allá recibía el divino mensajero. A veces, a pesar de su coraje, de la abnegación que inspira todos sus actos, perturbado por la grandeza de la tarea, él eleva el alma a Dios; ora, implora nuevas fuerzas y es atendido.

Un grandioso soplo le llena la mente. Bajo un impulso irresistible, Él reproduce los pensamientos sugeridos; se siente reconfortado, socorrido. En las horas solitarias, sus ojos distinguen letras de fuego que expresan las voluntades del cielo; se oyen voces en sus oídos, trayendo la respuesta a sus ardientes oraciones. Es la transmisión de las enseñanzas que debe divulgar, son preceptos regeneradores para cuya propagación bajara a la Tierra.

Las vibraciones del supremo pensamiento que anima el Universo le son perceptibles y le inspiran esos sagrados principios que esparcirá y que jamás se han de borrar de la memoria de los hombres.

El percibe celestes melodías y sus labios repiten las palabras escuchadas, sublime revelación, misterio aun para muchos seres humanos, más para Él la confirmación más absoluta de esa constante protección y de las intuiciones que le provienen de los mundos superiores.

Y cuando esa gran vida terminó, cuando se consumó su sacrificio, después que Jesús fue clavado a la cruz y bajó a la tumba, su Espíritu se afirma por nuevas manifestaciones.

LAS APARICIONES DEL CRISTO

Las apariciones del Cristo son conocidas; han tenido numerosos testigos. Jesús aparece y desaparece instantáneamente. Penetra en una casa con las puertas cerradas. En Emaús conversa con dos de sus apóstoles que no lo reconocen, y desaparece repentinamente. Está en posesión del cuerpo fluídico, etéreo, que hay en todos nosotros; cuerpo sutil que es el envoltorio inseparable de toda alma y que un alto Espíritu como el suyo sabe dirigir, modificar, condensar, tornar menos denso a voluntad. Y a tal punto lo condensa, que se torna visible y tangible a los asistentes.

Las apariciones de Jesús después de la muerte son la base misma, el punto capital de la doctrina cristiana y fue por eso que San Pablo dijo: «Si Cristo no resucitó, es vana nuestra fe.» (1 Corintios 15:14).

En el Cristianismo, la inmortalidad no es una esperanza, es un hecho natural, un hecho apoyado en el testimonio de los sentidos. Los apóstoles no solo creían en la resurrección; estaban convencidos de ella.

Es por esa razón que su prédica adquiría aquel tono vehemente y penetrante, que infundía una convicción robusta. Con el suplicio de Jesús el Cristianismo era herido en pleno corazón. Los discípulos, consternados, estaban prestos a dispersarse. Cristo, sin embargo, les apareció y su fe se tornó tan profunda que, para confesarla, arrostraran todos los suplicios. Las apariciones de Cristo después de su muerte aseguraron la persistencia de la idea cristiana, ofreciéndole como base todo un conjunto de hechos.

LOS PRIMEROS TIEMPOS DEL CRISTIANISMO

Los primeros cristianos.

[…] Las apariciones que distinguen los primeros tiempos del Cristianismo, como las bíblicas épocas más lejanas, no son fenómenos aislados y sí la manifestación de una ley universal, eterna, que siempre presidió las relaciones entre los habitantes de los dos mundos, el mundo de la materia grosera, a la que pertenecemos, y el mundo fluídico invisible, poblado por los Espíritus que llamamos tan impropiamente los muertos.

Recién en época reciente fue que ese orden de manifestaciones pudo ser estudiada por la Ciencia. Gracias a las observaciones de numerosos sabios, la existencia del mundo de los Espíritus fue positivamente establecida y las leyes que lo rigen fueran determinadas con cierta precisión.

LOS JUDIOS Y LA VIDA FUTURA

[…] En la época de Jesús, la creencia en la inmortalidad estaba debilitada. Los judíos se encontraban divididos respecto de la vida futura. Los escépticos saduceos aumentaban en número e influencia. Viene Jesús. Torna más amplias las vías de comunicación entre el mundo terrestre y el mundo espiritual. Aproxima de tal manera a los invisibles de los humanos, que ellos pueden de nuevo comunicarse. Con mano fuerte levanta el velo de la muerte y surgen visiones de lo más profundo de la sombra; en medio del silencio se hacen oír voces; y esas voces vienen a afirmar al hombre la inmortalidad de la vida.

El Cristianismo primitivo tiene, pues, el carácter particular de haber aproximado a las dos humanidades, terrestre y celeste. Ha hecho más intensas las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible.

[…] La revelación de los Espíritus continuó largo tiempo después del periodo apostólico. Durante los siglos II y III, los cristianos se dirigían a las almas de los muertos para decidir puntos de doctrina.

COMO CONCLUSIÓN

[…] En ciertos momentos de la Historia, un soplo de lo Alto roza al mundo; las brumas que envolvían el pensamiento humano se disipan; las supersticiones, las dudas, las quimeras se desvanecen; las grandes leyes del destino se revelan y la verdad reaparece.

¡Dichosos entonces, aquellos que saben reconocerla y acogerla!

León Denís

—

(*) Cristo: Puente entre los dos mundos. Extraído de la obra: «CRISTIANISMO Y ESPIRITISMO». Capítulo V. “Relaciones con los Espíritus de los muertos”.

2 comentarios en “Cristo: Puente Entre Los Dos Mundos”

  1. Rafael Sanchez Marquez

    En su infinita bondad y sabiduría, Dios ha querido que exista la facultad mediúmnica para que cuando estemos encarnados tengamos un medio para no olvidar quienes somos, de donde venimos y hacia donde vamos, lo que nos da fe, esperanza y fuerza para enfrentar las pruebas de la vida encarnada que nos purifica y nos dirige hacia un futuro de eterna dicha en su seno. Como con todo lo que nuestro padre nos da, de nosotros depende darle un buen uso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *