Una Prueba Más De La Inmortalidad Del Alma

A finales del pasado verano, acudimos al tanatorio, para darle el último adiós a una querida amiga espírita de avanzada edad, que nos dejaba tras una larga enfermedad por la que estuvo luchando durante años.

Rodeada de familiares y amigos, el ambiente en el velatorio no era de una gran tristeza como suele ser habitual, sino más bien, de una paz serena, debido a que la mayoría de los allí presentes conocíamos la doctrina espírita, con lo que ello representa de confianza en el porvenir, la certeza en la inmortalidad del alma, y la seguridad de que los vínculos con los seres queridos nunca se pierden.

Y fue allí mismo, en una de las salas comunes del tanatorio, saludando y charlando con unos y otros, donde tuvimos ocasión de hablar con un matrimonio amigo sobre su hijo, que había fallecido hacía unos años… Por lo que nos iban contando esos padres, se trataba, sin duda, de un ser un tanto especial.

Nos relataron varios hechos protagonizados por el joven, que demostraban una inusitada madurez, y que este poseía unas percepciones mediúmnicas muy singulares. Entre otras cosas, nos contaron una anécdota bastante significativa, que a continuación les narramos.

UNA ANÉCDOTA MUY ESPECIAL

Doña Adriana, le había hablado de la facultad de videncia de su hijo Alejandro, de tan sólo cuatro años en aquel entonces, a su médico de cabecera, con quien tenía una muy buena relación. El doctor le dijo a su madre que algún día se lo llevara para verlo. Tiempo después, y aprovechando un fuerte catarro del niño, lo llevó a la consulta del doctor.

El médico lo observaba atentamente mientras atendía a su progenitora; sin embargo, en un momento dado, el niño, que había permanecido en silencio, le dijo al doctor que a su lado había otro facultativo llamado Antonio García. Su madre, de inmediato, le dijo que eso no podía ser porque ese doctor estaba vivo. El niño insistía y lo describió: “Tiene una bata blanca, es bajo de estatura, con gafas de vista redondas y pequeñas; y con el nombre escrito en letras azules a la altura del pecho, en la misma bata”.

El amigo facultativo rectificó a la madre, diciendo que ella se refería al hijo, cuyo nombre también es Antonio García, su colega, con quien compartía la misma profesión médica. Sin embargo, a quien estaba viendo realmente el niño era al padre, el Dr. Antonio García, que murió en los años cuarenta, y que él mismo lo llegó a conocer siendo muy joven, confirmando los detalles fisonómicos que se le acababan de describir.

A continuación, el pequeño Alejandro le trasladó un mensaje que el Espíritu del Doctor Antonio (padre) le estaba transmitiendo. Le dijo lo siguiente:

Con la muerte no acaba todo, con la muerte empieza la verdadera vida”.

Se lo repitió varias veces…

El médico de familia se sorprendió profundamente, y tras una breve pausa, les dijo que al doctor Antonio García (padre) lo visitó antes de morir, y que en su lecho de muerte ocurrió algo inesperado.

Les contó que, en su agonía, tuvo un momento de lucidez, y le pidió a él mismo un papel y algo con qué escribir. Lo único que encontró en ese momento fue un recetario y un lápiz. Pues bien, en él escribió exactamente ese mismo mensaje, para después expirar… Por cierto, un mensaje escrito en un recetario antiguo que todavía el doctor conservaba en su casa.

Posteriormente a ese extraordinario suceso, el niño continuó con su vida normal, pero llena de situaciones que demostraban su especial sensibilidad y sabiduría; hasta que, unos años después, coincidiendo con el inicio de su etapa adulta, Alejandro dejaba este mundo.

Siempre supo desde su más tierna infancia que no viviría mucho tiempo; lo intuía, y así se lo hizo saber a sus padres.

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UN MENSAJE LLENO DE ESPERANZA

Esta sencilla historia demuestra cómo a través de la mediumnidad, en este caso natural, puesto que ya se le manifestaba desde la más tierna infancia, se pueden establecer puentes entre los dos planos de la vida, demostrando con hechos comprobables que seguimos muy vivos después del paso por el cuerpo físico; como le ocurrió a este doctor, que volvió para demostrar de forma fehaciente que la vida sigue con toda su fuerza y plenitud.

También nos hace reflexionar sobre aquellos Espíritus bienhechores, que, por amor a la humanidad, encarnan para traernos su ejemplo y sabiduría. Son almas que, en una inmensa mayoría, se alejaron hace mucho de la inferioridad moral; viejos compañeros de viaje en el pasado, y que ahora, viendo nuestras apremiantes necesidades, se sacrifican para sumergirse temporalmente en el barro de nuestro estrecho mundo, para darnos su testimonio de fe, y al mismo tiempo, dejarnos una huella imborrable en nuestros corazones.

Redacción

(*) Los nombres son ficticios.

4 comentarios en “Una Prueba Más De La Inmortalidad Del Alma”

    1. Rafal Sánchez Márquez

      Te alabamos Padre Nuestro por tu amor y misericordia infinitos. En nuestro planeta, Dios nos da estas pruebas a través de la mediumnidad para construir y reforzar nuestra fe, esa fe que tanto necesitamos para afrontar las pruebas de la existencia corporal. Todo se hace de forma sutil para no interferir en nuestro libre albedrío, pero los corazones que están preparados consiguen verlo: «quien tenga ojos para ver, que vea».

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