LA AURORA DEL BIEN
Actualmente se encuentra el mundo entero, digámoslo así, en efervescencia; todas las ideas están en lucha, se espera algo grande sin saber lo que es, se desea mucho y sin darse cuenta se presiente marchar la humanidad a horizontes desconocidos e incomprensibles, pero al mismo tiempo se cree que no se ve una luz que nos guie en nuestra confusión y tinieblas y nos conduzca a puerto seguro.
Sin embargo, como el Todopoderoso nunca abandona a sus criaturas, –la aurora del bien -, precursora de un sol esplendente que iluminándolo todo disipará las tinieblas, se halla en el horizonte: la dificultad consiste en que no la ve el que no la busca, por ser el trabajo condición impuesta por Dios a la humanidad.
Nosotros, aunque muy insignificantes, somos de aquellos que tienen la gran dicha de poder manifestar la referida aurora: pero nuestra misión se reduce tan solo a indicar el modo como podrá verse.
Estudiad el Espiritismo, practicadlo con conciencia y sin ideas preconcebidas, no abdicando nunca vuestra razón, y entonces al divisar la aurora, tendréis momentos en que quedareis deslumbrados.
El Espiritismo moderno tuvo su principio en el movimiento de unas mesas; el origen parece trivial y pequeño; pero téngase en cuenta que así fueron la mayor parte de los grandes descubrimientos.
Cristo nació en un pesebre y su palabra transformó una parte del mundo y lo transformará todo.
El Espiritismo, que es la doctrina fundada en la creencia de la existencia de los Espíritus y en sus manifestaciones, no ha sido deducido de ideas abstractas y metafísicas sino de los hechos, y en esto consiste principalmente su fuerza.
El hombre ya maduro quiere ver para creer.
Los hechos nos demuestran leyes desconocidas o mal comprendidas hasta ahora por los hombres, como antes lo fueron las de la aplicación del vapor, de la electricidad y otras. No hay nada en ellos que sea sobrenatural, puesto que están sujetos a ciertas condiciones, se hallan en la misma naturaleza y cualquiera puede ser instrumento para manifestarlos. Lo maravilloso ha desaparecido.
De fundarse en los hechos se desprende que el Espiritismo es también una ciencia nueva y experimental, y hasta podría decirse infinita, siendo empero comprensible por todos los hombres de buena voluntad.
El objeto de la ciencia propiamente dicha es el estudio de las leyes del principio material; el objeto del Espiritismo es el de las leyes del principio Espiritual, pero como este obra incesantemente sobre el principio material y recíprocamente, tenemos que el conocimiento del uno no puede ser completo sin el conocimiento del otro; el Espiritismo y la ciencia se completan mutuamente. Si el Espiritismo hubiese venido antes de los descubrimientos científicos, hubiera abortado como todo lo que viene antes de tiempo.
Algunos, de buena fe o con dañada intención, han tratado de confundir el Espiritismo con la magia y la hechicería por apoyarse estas también en la manifestación de los Espíritus, pero la diferencia es inmensa y querer confundirlos, es probar que no se sabe la primera palabra. La magia y la hechicería mezclaban prácticas y creencias ridículas que el Espiritismo rechaza de un modo absoluto.
El Espiritismo no quiere destruir la Religión, lo que sí quiere destruir es la indiferencia, el materialismo y la incredulidad.
Su esfera se mueve fuera de las creencias religiosas, y se puede ser católico, protestante, judío o musulmán, y creer en la existencia de los Espíritus y en sus manifestaciones.
Su moral es esencialmente cristiana, puesto que lo que enseña no es más que el desarrollo y aplicación de la de Cristo, cuya superioridad no ha sido puesta en duda por nadie.
El Espiritismo nos da la clave de todas las miserias de la humanidad y resuelve otros muchos problemas reputados insolubles; clave desconocida hasta ahora y cuya ignorancia ha sido causa de tantos errores; consistiendo aquella principalmente como hemos indicado más arriba, en que el hombre sabe de dónde viene y a donde va, porque está en la tierra, y porque sufre temporalmente.
(1) “Mediante las relaciones que ahora puede establecer con aquellos que dejaron la Tierra, el hombre posee no solamente la prueba material de la existencia y de la individualidad del alma, sino que también comprende la solidaridad que vincula a los vivos con los muertos de este mundo, y a los de este mundo con los de otros planetas. Conoce la situación de ellos en el mundo de los Espíritus; los acompaña en sus migraciones; es testigo de sus alegrías y sus penas; sabe por qué son felices o desdichados, y conoce la suerte que a él mismo le está reservada, según el bien o el mal que haya hecho. Esas relaciones lo inician en la vida futura, a la que puede observar en todas sus fases, en todas sus peripecias; el porvenir ya no es una vaga esperanza, sino un hecho positivo, una certeza matemática. Así, la muerte ya no tiene nada de aterrador para él, porque significa la liberación, la puerta de la verdadera vida”.
ANTÍDOTO EFICAZ CONTRA EL EGOÍSMO Y EL ORGULLO
El Espiritismo desenvuelve desde luego el sentimiento de caridad, viniendo a ser el antídoto más eficaz contra el egoísmo y el orgullo; modifica al hombre y le facilita grandes consuelos, siendo esto causa de la rapidez asombrosa con que se propaga, a pesar de los obstáculos poderosos que se oponen a su paso, como siempre se han opuesto al de todas las ideas grandes y elevadas.
El solo hecho de la posibilidad de comunicarse con los seres del mundo Espiritual, dice Allan Kardec, tiene consecuencias de la más alta gravedad, es un mundo nuevo que se revela a nosotros y que tiene tanta mayor importancia como que nos espera a todos sin excepción. Este conocimiento no puede menos de traer, al generalizarse, una modificación profunda en las costumbres, los caracteres, los hábitos y en las creencias que tienen tan gran influencia en las relaciones sociales. Es una revolución que se opera en las ideas, revolución tanto más poderosa como que no está circunscrita a un pueblo, a una casta, sino que alcanza a todas las clases, todas las nacionalidades, todos los cultos.
LA REDACCIÓN.
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Revista Espiritista. Periódico de Estudios Psicológicos de Barcelona. Mayo de 1869. Número 1. Año 1. Revista fundada por José María Fernández Colavida.
(1) La Génesis. Capítulo I. Caracteres de la revelación espírita. Ítem 31.




El espiritismo es el consolador prometido por nuestro Divino Maestro. Luz resplandeciente, hálito de esperanza para la humanidad que nos conduce hacia la salvación, hacia un mundo de regeneración, en el que, por fin, podremos empezar a vislumbrar la verdadera felicidad, después de milenios de sombras y sufrimiento. Alabado sea nuestro Padre misericordioso que siempre ha estado a nuestro lado y que nos envió a Su Hijo para mostrarnos el camino, la verdad y la vida.